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De antemano
quiero dejar claro que esta carta no está escrita con ánimo de reconciliación
ni búsqueda de puntos de acuerdo, pues harto ya de su autoridad, que quizá les
fue conferida cuando un dedo divino les señaló en la cuna, sé que no moverán
una pizca sus sacrosantas ideas, que piensan deberían ser dogma universal.
Tampoco tengo intención de guardar el respeto que suelen exigir, consistente en
callarse todo lo que no les guste. Máxime cuando el argumento más utilizado
por ustedes y el que consideran de mayor enjundia es la ridiculización de los
asturianoparlantes o simplemente simpatizantes, generalmente recurriendo a los tópicos
más rancios y poco imaginativos. Incluso en cierta ocasión llegó a llamárseles
póngidos. Aparte del ridículo zoológico en que incurrió el pobre tipo que
tal escribió, era consciente de sus limitaciones intelectuales y de que su única
opción de ganarse los garbanzos era sembrar de babas el camino de su líder
espiritual, siempre receptivo al halago. Bueno es él.
Una vez puestos en claro mis modales, sólo queda por mostrar mis intenciones,
que no son más que hacerles partícipes del desagrado que me producen cuando:
La mayoría de ustedes que niega el asturiano y defiende el castellano como si
fueran incompatibles escribe tan rematadamente mal en la lengua que dicen
defender. Si la explicación es que al serles tan embarazoso el manejo de un
idioma, cuánto más será de dos. De ser así, no pretendan extender sus
dificultades a todo el mundo.
El argumento de la escasa capacidad intelectual para dos lenguas se ve alterado
al ser habitualmente unos defensores acérrimos del inglés. Hemos dado un salto
intelectual: sí se pueden manejar dos lenguas, tres no. Por tanto, fuera el
asturiano, que no vale para hacer dinero. Les remito al final del párrafo
anterior. Dado que su repulsión al asturiano ha llegado al extremo de negar el
verdadero nombre de la Academia de la Llingua Asturiana y castellanizarlo,
confieso que tuve la tentación de escribir en inglés Real Academia Española,
e incluso hacer en algún momento el retruécano de «language» por «tongue»,
pero mi respeto por el castellano no me lo permitió.
El cómo debe hablarse no depende de la historia, la herencia o los sentimientos
de las personas, sino de su opinión. Si ese derecho a meter las narices en la
vida de los demás y decidir por ellos según sus rectas normas se debe a la
epifanía del dedo divino arriba mencionada, hete aquí que no estábamos
presentes ese día y no nos lo creemos. Viene al caso citar un fragmento de un
texto de Richard
Dawkins en apoyo de Salman
Rushdie, que, si bien está referido a las religiones, a ustedes les viene
al pelo: «Del resto de nosotros se espera que defendamos nuestros
prejuicios. Pero pídale a una persona religiosa que justifique su fe y estará
infringiendo "su libertad religiosa"».
Las razones que aducen son una bochornosa exhibición de desconocimiento. La
ignorancia no es inocente cuando se opina. Cuando afecta a la vida de los demás
es malvada.
Siempre mentan el chigre, ¿pero nunca la historia, la literatura, el teatro, la
música?. Comprenderán que mi opinión sobre a qué dedican su tiempo no sea
muy buena.
Aducen siempre al final la gran cantidad de funcionarios expertos, traductores y
no recuerdo qué más conllevaría la cooficialidad y nos previenen de la
inevitable dictadura idiomática refiriéndose a Cataluña y el País Vasco. El
asturiano, mal que les pese, no está tan muerto aún como para que la mayoría
de las personas lo conozcan suficientemente sin necesidad de miles de horas de
reciclado, cursos intensivos y cientos de plazas de empleados públicos, a las
que se accedería mediante baremos grotescos. Otra cosa, de la que yo no puedo
responder, será el provecho que ordeñen los vividores y fulleros, entre los
que figuran en primer lugar partidos políticos y sindicatos, así como aquéllos
capaces de ensuciarlo todo, entre los cuales les incluyo. La llingua asturiana
es una lengua minoritaria en grave peligro de desaparición, como ha reconocido
la UNESCO. Un hecho cultural que no por pequeño merece morir. Somos muchos los
que usamos dos lenguas que nos parecen extraordinariamente bellas. Y si doloroso
es cómo el castellano se empobrece por la «potencia» del inglés, también lo
sería que el asturiano se perdiera por su decisión. Si en Asturias existen
dictadores idiomáticos, en este momento son ustedes.
Coda:
Muchas veces he asistido a reflexiones dolorosas sobre las causas que pueden
llevar a una persona a odiar sus raíces: resentimiento, complejos, miedos,
maldad, etcétera. Francamente, ya me importa un comino, sólo quiero señalarles
con el dedo y decir que, ante el futuro, ustedes los inteligentes, los
biempensantes, los positivos, los referentes intelectuales, son los responsables
directos y aleves de la desaparición de un bien cultural.